El problema no es compartir parte de nuestras vidas, sino simular tener otra vida diferente.

LLa soledad es uno de los grandes males de nuestro tiempo. Casi todo el mundo tiene miedo a sentirse solo. La sociedad actual es muy individualista y tiende a aislarnos. Para equilibrar la balanza, nos apoyamos con frecuencia en las redes sociales, que supuesta mente, nos acercan a los demás. Pero no siempre nos pueden dar esa compañía que tanto necesitamos.

La soledad es una experiencia subjetiva, ya que una persona puede no tener compañía y no sentirse sola o sentirse sola estando acompañada.

Está relacionada con cómo percibimos nuestra red de relaciones. Una persona que se siente sola percibe su red de contactos como escasa o cree que sus relaciones son insatisfactorias o superficiales.

Las redes sociales como Facebook han propiciado un aumento de la velocidad de comunicación entre las personas. Estamos interactuando constantemente. Sin embargo, esto ha empeorado la calidad de las comunicaciones cotidianas, perdiendo intimidad y confianza.

Las relaciones de “amistad” que se establecen mediante redes sociales como Facebook son, con frecuencia, superficiales. Puedes tener cientos de amigos en redes, pero ¿a cuántos de ellos llamarías si te encontraras en dificultades?, ¿cuántos han visitado tu casa?, ¿cuántos saben cómo eres realmente?

Con frecuencia, las personas solo tienen relación directa (cara a cara) con su familia más cercana y los compañeros de trabajo.

Puede resultar difícil establecer un mínimo de confianza con quienes nos rodean (vecinos, conocidos, amigos de amigos…).

¿Por qué? Algunas causas pueden ser el miedo al rechazo, la falta de tiempo para invertir en establecer relaciones profundas, el miedo a mostrarse tal y como se es…

¿Por qué nos exhibimos en las redes sociales?

Gracias a las redes sociales compartimos pensamientos, fotos, noticias, etc., exponiendo nuestras vidas a cambio de un “me gusta”.

¿Por qué buscamos la aprobación de personas de personas que no nos conocen?

Una posible causa puede ser la necesidad de aumentar nuestra autoestima mediante la sencilla acción de subir una foto propia y obtener decenas de “me gusta” o comentarios positivos. Todo ello para simular un éxito social que, quizás, no tengamos en la vida real.

Pero en las redes sociales no todo lo que brilla es oro: fotos con filtros y retoques para parecer más guapos, fotografías de lugares maravillosos a los que (supuestamente) hemos viajado o platos de comida exquisitos que parece que comemos a diario.

El problema no es compartir parte de nuestras vidas, sino simular tener otra vida diferente y no mostrarnos tal como somos. Buscar desesperadamente la aprobación de otras personas (con algunas de las cuales ni siquiera habremos compartido un café) no soluciona el problema de la soledad.

Si estamos tan ocupados en construir y mejorar nuestra imagen virtual no tendremos tiempo para dedicar a nuestra imagen real.

El ser humano es social por naturaleza. Disfrutar de una red de contactos con la que compartir nuestras vidas es un cimiento necesario para asentar una vida feliz.

Las redes sociales pueden acercarnos a personas con las que compartimos intereses y gustos, pero, para ello, es necesario mostrarnos sin disfraces ni máscaras.

Creditos;Moi.

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