Imagina que estás esperando un aviso importante, la llegada de alguien o algo y por más que estés pegado al celular, esa cosa no sucede. Esta desesperación por recibir noticias, es muy probable que esté relacionada con la incertidumbre de querer saber qué está ocurriendo.

Aunque no lo creas, esta incertidumbre es una de las cosas que más estresa a tu cerebro, porque en el afán de querer controlar todo, empiezas a generar una serie de cambios en tu bioquímica que provoca tensión.

Detrás de una persona controladora hay un miedo enorme de que las cosas no sucedan y una desconfianza hacia los demás.

Querer tener el control de todo es desgastante a nivel físico y emocional. Además, el estrés te hace tomar malas decisiones, y provoca que solo y exclusivamente te enfoques en que las cosas salgan como a ti te gustan.

¿Te estás identificando?

Si ya descubriste que eres una persona controladora, lo mejor que puedes hacer es aprender a dejar fluir, y para esto necesitas:

  • Confianza de que los procesos y las personas
  • Certeza de que las cosas van a suceder sí o sí
  • Paciencia, porque no sabes cuándo llegará a pasar

Esto no se da de la noche a la mañana, requiere trabajar muchísimo a nivel personal estas tres virtudes.

¿Estás conviviendo con una persona controladora?

Si tu jefe, pareja, familia o amigos son unos controladores del mal, lo que necesitas hacer tú es entenderlos, tener paciencia y darles también esa confianza que necesitan para soltar, delegar y dejar fluir.

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