¿Por qué la línea de lencería de Pamela Anderson no es como las demás? Pamela Anderson: sex symbol, activista y ahora también gurú de la lencería

“Tenemos que hacer que mucha más gente se interese por la lencería”, nos dijo Pamela Anderson cuando nos encontramos con ella en el segundo piso del Covent Garden Hotel de Londres. “La gente tiene que soltarse más”.

La actriz, modelo y activista acudió a la ciudad inglesa para presentar su nueva línea de lencería, fruto de la colaboración y bautizada como Pamela Loves Coco de Mer. Aunque suela sorprendernos a menudo con sus arriesgados looks, esta alianza supone la primera vez que Anderson, de 50 años, cede su propio nombre a una etiqueta de ropa interior. Porque si bien confiesa admirar la marca de lencería desde hace mucho, con su estilo a la par atrevido y elegante, fue solo hace un año y desde este mismo hotel cuando la actriz contactó con la directora de Coco der Mer, Lucy Litwack, para hablar sobre la tienda que la firma tiene en Londres.

Creo que tengo todos sus modelos –admite Anderson–, incluso a veces dos de cada. Cuando nos conocimos, nos pareció que éramos tal para cual, porque la marca es muy como yo. Hablamos de ser imagen de su línea Icon, pero también salió ya el tema de crear nuestra propia colección”.

Inspirada en el glamour de los años 50 y 60, la colaboración rinde homenaje a las estrellas de cine de entonces como Brigitte Bardot, y se definirá por ser divertida al tiempo que sexy y sofisticada. Sus bodies, de tiro bien alto, beberán del mítico bañador rojo que Anderson llevaba en Los vigilantes de la playa. Todas las piezas de la colección están pensadas para resaltar las curvas naturales del cuerpo femenino, lo que según la propia Anderson se traducirá en que toda mujer, sea cual sea su talla, podrá lucirlas.

“Estaba esperando el momento oportuno, porque no veía necesario embarcarme en algo masivo y barato”, apunta Anderson sobre su aventura como diseñadora de lencería. “Quería hacer algo elegante y para todo el mundo, pero en un nivel medio; que fuera de muy buena calidad. Somos la pareja perfecta porque la marca es pícara y sexy. Yo soy un poco morbosa, y ellos también lo son”.

Según expresa Pamela, la colección pretende que las mujeres acepten más su sexualidad. Antes ya protagonizó un corto, dirigido por Rankin, para la campaña de San Valentín de la firma, además de ser la imagen de su línea Icon.

“Mi madre y mis tías siempre me han animado a ser como soy y a disfrutar”, cuenta la actriz. “Me gustaría poder ayudar a los demás en este sentido; pero todo empieza por una, por sentirte bien contigo misma. Alimentar el amor es lo que va a salvar el mundo, de verdad. Es importante mantener viva la llama”, ríe.

Esta aventura parece un paso lógico en su trayectoria, ya que Anderson ama la lencería desde bien joven. Cuando llegó a Los Ángeles y empezó a trabajar en Playboy, pudo descubrir el amplio espectro de la ropa interior gracias al armario de la revista y animada por el fallecido Hugh Hefner. “Casi no llevaba ropa encima”, admite. “Hef solía decirle a mis hijos: ‘Vuestra madre, cuando vino aquí, no tenía dinero para comprarse ropa’. Tenían un ropero enorme y, por supuesto, montañas de lencería. Era muy divertido representar ese papel, era como disfrazarse. Medias de liga, ligueros, y cosas de las que no tenía ni idea antes de entrar en Playboy. Quiero promover todo eso”.

A Anderson le faltan manos estos días para tanta tarea, ya que pasa en un tris de la moda al activismo social y político, pasando también por el cine (“de hecho, nunca supe lo que quería ser de mayor”, bromea). El realizador alemán Werner Herzog, conocido por sus documentales, escribe actualmente un nuevo film con ella de protagonista. La misma actriz considera dirigir su propia película en un futuro cercano. Ya estuvo tras la cámara cuando filmó a su hijo Dylan para la revista ODDA, actividad que le gustaría retomar pronto. Sin embargo, el activismo es su principal ocupación, sobre todo en favor de los derechos de los animales. Dice sentirse optimista con los cambios que está implementando la industria de la moda de respeto por el medioambiente y contra el uso de pieles, con el ejemplo de Gucci y su reciente veto a la piel animal.

No en vano, la actriz hizo llegar hace poco a la primera dama estadounidense Melania Trump un abrigo de piel sintética acompañado de una carta en la que le proponía ejercer de ejemplo a este respecto. “Eso no significa que apoye a Trump –matiza Anderson–. Creo que desde su posición como primera dama tiene mucha influencia. Le decía que ojalá no usara pieles, y no ha llevado nada de piel desde que contactamos. Le voy a enviar lo mismo a Kim [Kardashian]. Creo que es un camino positivo [hacia el cambio]: hacerles un regalo e invitarlos a hablar. Les pides que se lo piensen”.

Por;Vogue

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