Renunciando a mi Zona de Confort

Nos preparábamos para la llegada del tan anhelado 2018…mientras la mitad de mi familia hacía su lista de buenos deseos, la otra mitad seguía la tradición de las doce uvas para recibir de la mejor manera un nuevo año.

Y mientras tanto yo (quien nunca fui la más creyente de estos agüeros de año nuevo) me preparaba en una esquina para contarles a todos la difícil decisión que había tomado dos meses atrás: renunciar a mi trabajo de toda la vida y marcharme lejos de mi país para iniciar una nueva vida desde ceros.

A lo que más temía, por supuesto, era la reacción de mi madre, quien a sus casi 60 años de edad había tenido una vida llena de miedos y de bloqueos emocionales y quien lógicamente por herencia hizo que sus inseguridades de alguna forma también hicieran parte de mí.

12:10 a.m.

Una mesa llena de comida que conservaba la tradición familiar de año nuevo: pavo, ensalada, vino, cerveza, natilla, buñuelos.

Me levanto de la silla y me encuentro lista para hablarle a mi familia:

Quiero aprovechar esta oportunidad para contarles que he tomado la decisión de irme a vivir a otro país, me voy a estudiar y a vivir nuevas experiencias, por lo cual estaré renunciando a mi trabajo en los próximos meses y estaré dejando todo lo que tengo para poder comenzar de ceros, necesito que no me juzguen, sino que me apoyen porque esto es algo que he querido hacer desde hace mucho tiempo

Y entonces (para sorpresa mía) llegaron las palabras de mi madre apoyándome desde EL AMOR y no desde sus MIEDOS ni desde sus INSEGURIDADES:

Me da tristeza que te vayas, pero si es lo que sientes que debes hacer yo te apoyo. Eres inteligente, capaz y sé que vas a estar bien. Además, acá siempre estaremos esperándote con los brazos abiertos.

Me sentí tranquila, confiada y feliz… me había estado preparando todo ese tiempo para escuchar un discurso extremista y por supuesto pesimista que había creado en mi mente (mi tramposa mente, esa que no deja de maquinar), en el cual tendría que salir luchando como un valiente Don Quijote para defender a capa y espada mis sueños y mis ideales… pero resultó, que lo que tanto temí durante varias semanas, días, horas, minutos jamás sucedió… No hubo cuestionamientos, críticas, nadie me juzgo.

¡NUEVA VIDA… ALLÁ VAMOS!, lo demás era pan comido… ¿O quizás NO?

Lo que estoy dispuesta a dejar atrás

Tras hacer pública la decisión de irme, venía la parte más difícil de todas: poner en marcha mis planes y mandar (literalmente) todo al carajo. Para ello tendría que concretar SI O SI la fecha definitiva de mi viaje.

Debía comenzar a organizar cuanto antes mis cosas:

  • Ponerme en contacto con mi arrendataria (quien ahora se había convertido en mi amiga) para informarle que dejaría el apartamento.
  • Buscarle un nuevo hogar a mi amado hijo felino (provisionalmente)
  • Poner en venta mi carro y mis cosas personales (comenzaba el desprendimiento de lo material)
  • Hacerme cuanto examen médico fuera posible (ya saben, prevenir es mejor que lamentar).
  • Compartir más tiempo con mi pareja, mi familia y mis amigos antes de irme (ni pensar en esta despedida).
  • Dejar mis deudas al día (que afortunadamente ya eran mínimas).

Y lógicamente:

  • Hablar con mi jefe sobre la decisión de dejar mi puesto (lo que más miedo me daba).

Literalmente en ese momento comencé a entrar en pánico.

Y es que siendo honesta, renunciar a la seguridad y la tranquilidad de tener un trabajo estable, bien pagado y bastante cómodo no es una decisión fácil de tomar (peor aún cuando tienes personas a tu alrededor recordándote todos los días lo complicada que está la situación en tu país).

Pero en realidad, ¿Cuál seguridad?

Me gustaría escribir sobre muchos de los casos de “falsa seguridad” que conozco de personas cercanas a mí, personas que creyeron haber cogido el sol con una mano al pensar que estarían en una empresa siempre y que la vida les dio literalmente una cachetada para recordarles que la vida NO ES ESA, que la vida NO ES POR AHÍ. Como este es un artículo corto y no quiero extenderme demasiado, contaré el caso de mi amigo Alejandro.

Alejandro se graduó de la universidad, inmediatamente aplicó a un trabajo a un multinacional donde inició como profesional en entrenamiento y en el cual fue ascendiendo poco a poco hasta obtener una buena posición y lograr tener un sueldo envidiable. Poco a poco, fue haciéndose a una mejor calidad de vida: carro, apartamento, viajes, buenos lugares a donde ir a cenar, etc., etc. Lógicamente, su vida y su mundo era su trabajo.

Después de diez largos años de dedicación y devoción a su empresa, un viernes (fin de mes) a las cinco p.m. lo llamo su jefe a su oficina para informarle que ese sería su último día de trabajo (ya sabes, recorte de personal). El hombre quedo literalmente perdido, y, como nunca había indagado sobre sí mismo y como seguramente pensó que estaría ahí toda su vida (hasta conseguir una pensión vitalicia), Alejandro literalmente se desmoronó.

Vinieron tiempos difíciles, tuvo que vender su carro y muchas de sus pertenencias para poder sobrevivir ya que no daba pie con bola en ninguno de los trabajos que conseguía. Resultó que, tras muchas idas y venidas, tras tener que renunciar a su status social y a una vida de lujos y comodidades, comenzó a encontrar respuesta a sus problemas y a sus tristezas en DIOS. Hoy en día (no sé si como vía de escape a su situación o porque encontró su verdadera vocación) se prepara para convertirse en cura.

Y no es que este mal, no me malinterpretes, es decir, soy de las que pienso que muchas veces necesitas que la vida te dé una fuerte sacudida para salir y moverte de donde estas, pero a lo que realmente quiero referirme con todo esto es que en mi caso particular no estoy dispuesta a dejar que esto me pase a mí, a dejar que los demás decidan por mí, por eso, hoy SOY YO quien he decidido tomar total control de mi vida y renunciar a la falsa seguridad de cosas, empleos, personas que no me pertenecen y mucho menos me definen.

En definitiva, MI SER en toda su extensión sabe que no hay marcha atrás y que ha llegado el momento de irme, así mis miedos (benditos miedos) y mis inseguridades me saboteen y salgan muchas veces a relucir.

¿Realmente estoy dispuesta a dejarlo todo para comenzar desde ceros?

Esta pregunta me la hago al menos unas 10 veces al día y la respuesta siempre es la misma al final: SI. Con muchas dudas (eso sí), pero al final SE QUE ESTE SALTO AL VACIO MERECERA LA PENA.

Estoy segura que pase lo que pase voy a estar bien y que simplemente si me arriesgo, la vida me dará lo que necesito PORQUE DIOS PROVEERA.

Eso sí, cuando mi mente me traiciona salen a flote esos pensamientos estúpidos (por no llamarlos otra cosa) y comienza esa charla interna que constantemente me dice: “¡mejor quédate donde estas!, ¿para que arriesgarte a tu edad?, ¿Qué no deberías es estar pensando en casarte, tener hijos, conseguirte una vivienda propia?, ¡No todo el mundo nace para brillar ni para cumplir su propósito de vida, confórmate, mejor esto a nada! ¿acaso te están echando de tu trabajo” TRISTE Y DECADENTE. Lo que se traduce en un: “virgencita, virgencita, que me quede donde esté”.

NO Y NO. Me doy cuenta que NO es posible pasar otros diez años de mi preciada vida haciendo exactamente lo mismo, contando las horas, los minutos, los segundos para salir literalmente corriendo de mi oficina y hacer cualquier otra cosa que no huela a trabajo, que no huela a oficina, que no huela a responsabilidad.

Y de verdad, de corazón. Es en ese momento cuando reflexiono y digo: NO HAY NADA QUE PERDER.

Nadie dijo que la vida fuera fácil, no es sencillo dejar atrás a las personas que amas, dejar el entorno que conoces para enfrentarte a lo desconocido, romper con toda una vida de condicionamientos, de responsabilidades, de obligaciones morales, de patrones mentales que te obligan a ser parte de un sistema que no funciona y que definitivamente no te hace feliz pero que crees que necesitas para poder sobrevivir y para ser alguien productivo para la sociedad.

Pero… ¿acaso la vida no se trata de evolucionar, de cambiar, de enfrentarte a situaciones difíciles, de superarte, de vivir sin miedo a morir y morir sin miedo a vivir?

¿En qué momentos nos volvimos conformistas y dejamos de ser protagonistas de nuestras vidas para volvernos simples espectadores?

Tomar la decisión de dejarlo todo, de perderte, de iniciar un nuevo camino NO ES FACIL, pero es NECESARIO.

No tengo ni idea de donde estaré en un año ni que personas conoceré, ni que cosas comeré, ni que miedos enfrentaré, ni siquiera sé si llegaré a encontrar mi verdadera pasión (que por el momento siento que es escribir), ni siquiera sé si voy a quedarme en un solo lugar o si estaré lista para recorrer el mundo entero o si estaré inclusive lista para regresar, la verdad que nada sé, pero esa es la parte más bonita de todas, prepararme para soltar, para por primera vez dejar de controlar lo incontrolable, para vivir cosas nuevas, cosas desconocidas, para dejar que la vida me sorprenda y traiga a mí las cosas que necesito para comenzar a ser feliz, porque estoy segura que solo cambiando, chocando, viviendo, experimentando, es cuando DIOS APARECERÁ EN MI.

Sin duda me espera un largo camino por recorrer y sé que esta decisión tan solo será una de las muchas que tendré que afrontar a medida que vaya descubriendo mi propósito de vida, pero como reza la frase debajo del título de este artículo: “Un viaje de mil millas comienza con un primer paso” y aquí el primer paso ya está dado.

Creditos;PuraVida

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