Viajar nutre, inspira, cultiva; literalmente enamora. De acuerdo con una firma de viajes internacional, existe un 44% de probabilidades de conocer a alguien y enamorarse cuando se viaja.

 

Y no se necesita ser marinero para dejar un amor en cada puerto. Sólo se necesita preparar maleta, tomar un autobús o volar y estar alerta para que en nuestro próximo destino conozcamos a nuestra alma gemela.

De hecho, estadísticas señalan que el 18% de los viajeros en Latinoamérica y Europa ha mantenido un romance durante vacaciones; el 14% encontró una pareja formal o estable; y el 12 % terminó casándose con la persona que había conocido en sus viajes.

El amor es inoportuno, sorpresivo y repentino. No distingue de razas o condición sexual, y va más allá de las fronteras geográficas o de los idiomas. Incluso es literal la frase que el “amor está en el aire”.

De acuerdo con un estudio realizado por un banco británico, 1 de cada 50 personas encuentra el amor de su vida en un avión.

Para realizar dicha investigación, entrevistaron a 10 mil personas de 141 países, incluido México, sobre la posibilidad de encontrarse con el amor de su vida mientras viajaba en un avión a 10 mil metros de altura.

Las 49 personas restantes, aunque no encontraron a esa media naranja, compartieron posibilidades de forjar algún tipo de relación con otros pasajeros.

Amores van y vienen, lo mismo que los viajes. Quizá en uno de esos, encuentres un cómplice de aventuras que quiera usar, al igual que tú, una krama camboyano en la cabeza; o alguien con quién disfrutar de la puesta de sol en San Francisco; o caminar bajo la lluvia en Portugal.

Quizá bailar en la fiesta de fin de año en la India.

Todo es amor en un viaje, pues de acuerdo con investigadores de la Universidad de Málaga, en España, al viajar la mente humana se relaja y todo fluye porque se rompen ideas o hábitos cotidianos.

Además el cerebro produce más hormonas como la oxitocina y dopamina que producen felicidad, bienestar y amor.

Sea cual sea tu próximo destino, sea en carretera, avión o barco, abre bien los ojos porque el amor puede estar a la vuelta de la maleta.

En entrevista con Paola Rojas el neurocientífico, Eduardo Calixto, dijo que con las vacaciones, “cuando se está por romper la rutina” el cerebro genera de manera automática liberación de dopamina.

“Te quita filtros, te quita lógica y te quita congruencia. En consecuencia el proceso es: si una persona no iba a entrar, si el 80% de las personas no iba a estar en tu vida, se quita parte de ese filtro y parte de esas personas se comprometen contigo y empiezas a tener una interacción más fuerte”.

Sobre los romances durante las vacaciones, el experto dijo que “el impacto es tremendo porque la liberación de oxitocina fue tan fuerte que los apegos” son muy intensos.

“Si la relación funciona o no pasa a segundo término porque ya estamos enganchados con una persona que conocimos en una etapa donde la dopamina era muy alta. Así que hay que tener mucho cuidado en estas épocas”.

Indicó que pese a todo, si la relación se mantiene “son de las que más van a impactar en la vida”.

“Es el hecho de ir comparando y hacer comparaciones que incluso son y pueden llegar a ser tan fuertes que uno voltea y dice ‘bueno, por qué haces esta evaluación 15 o 20 años después de haber conocido a alguien’. El hecho de ese de ese impacto, el cerebro hace y es una máquina de comparación que le encanta regresar a esas etapas”, agregó.

 

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