APRENDE A DECIR QUE NO

Muchas veces decimos que sí por querer estar en todo, por tratar de ser perfectos o para evitar enfrentarnos con nuestros propios demonios. Pero contestarlo casi en automático y sin pensar es una señal de que quizá te estás fallando a ti mismo por cumplirle a los demás.

Tener el sí muy suelto es una enfermedad que tiene consecuencias: acabas sintiendo que todo el mundo se aprovecha de ti y haces las cosas de malas o enojado (con quien te lo pidió y contigo mismo). Por eso acabas con resentimientos milenarios acumulados que terminas sacando de otras formas.

El primer paso para dejar de hacerlo es identificar las razones por las que dices que sí en automático…

  • Por complaciente. Siempre pones a los demás antes que a ti mismo, te encanta ayudar (y que todos sepan que lo hiciste).
  • Para evadirte. Te fascina estar ocupadísimo, entre más atascada tu agenda, mejor, así no piensas en lo que realmente te preocupa.
  • Por miedo a las confrontaciones. El sí es el camino con menos resistencia y conflicto, así no pones en riesgo tu relación con el que pide y pide.
  • Por ego. Te sientes importante cuando los demás te invitan o te consideran para algo.
  • Para que te agradezcan. Amas que alguien te esté agradecido.
  • Por FOMO. Sientes que te estás perdiendo de algo si no vas a un evento, aunque esté infernal.

Antes de soltar el sí, tómate unos minutitos y considera…

  • ¿Tengo tiempo?
  • ¿Qué voy a sacrificar?
  • ¿Voy a sentirme presionado?
  • ¿Me voy a sentir mal conmigo mismo si digo que sí?
  • ¿Voy a resentir a la persona que me lo pidió?
  • ¿Por qué estoy diciendo que sí?
  • ¿Qué gano? ¿Qué pierdo?

Ahora empieza a decir que no

Negarte a algo no te convierte en una persona agresiva, coda, insufrible o egoísta, simplemente significa que te sabes proteger. Muchas veces, el temor a decir que no viene del miedo a que la relación cambie, pero si tu relación depende de decir que sí a todo, la otra persona solo valora lo que le estás dando y no quién eres.

 

Decir que no, no significa negarte indiscriminadamente sin pensarlo, sino entender que no necesitas decir que sí a todo para que la gente te respete, además es un derecho poder decir que no.

 Si te cuesta mucho trabajo, aquí te dejamos 6 pasos para aprender a decir que no:

  1. Ordena tus prioridades. ¿Quiénes son las personas a las que les dices que sí sin agobiarte? A ellos sígueles diciendo que sí (cuando se justifique).
  2. Pon atención a cómo distribuyes tu tiempo. Si la mayor parte de tu tiempo se va, por ejemplo, en ayudar a una amiga en específico, ¿cuándo vas a ver a tus otros amigos? Si tu familia o trabajo absorben tu día entero, ¿a qué hora puedes hacer algo que te dé gusto? Cuando tu tiempo está bien distribuido, siempre tienes momentos para hacer lo que es importante para ti, no solo para hacer algo por los demás.
  3. Reconoce qué tan seguido dices que sí. Anota todos tus “sí” durante una semana. Si tienes tendencia a ser complaciente, ese número te va a shockear. El número aceptable varía con cada persona: alguien puede sentir que se le va la vida con una cosita que le pidan y otra no se abruma hasta el favor #22. El verdadero indicador es cualquier reacción tipo “¿Por qué dije que sí?” o “Preferiría estar haciendo otra cosa”, es señal de que te equivocaste.
  4. Deja de querer hacer todo. El malabarismo de tratar de ser la mejor pareja, el súper papá y el alto ejecutivo más exitoso puede ser demasiado para una sola persona. Como no puedes con todo, te empiezas a sentir culpable por no poder complacer a medio mundo, y lo compensas siendo extracomplaciente.
  5. Acepta tus límites. Todos tenemos cierta cantidad de energía física y emocional. ¿Cuántos problemas ajenos puedes cargar sin sentirte drenado? ¿Cuánto tiempo más vas a aguantar en relaciones en las que solo das y das? Decide qué tipo de favores te hacen sentir incómodo o nervioso. ¿En qué momento se te acaba la energía física? ¿Qué favores de plano te rebasan? Para estar sano física y mentalmente, tienes que descansar, y si no reconoces tus límites no hay forma de hacerlo.
  6. Delega para reducir tus responsabilidades. Si te deshaces de tu necesidad de controlar todo para que las cosas salgan siempre como tú quieres, te quitas mucha presión de encima y eliminas los SÍ innecesarios. Si eres perfeccionista y no confías en que otros se encarguen o que logren hacer las cosas, acabas aceptando y haciendo muchas más cosas de las que puedes.

Por: Susan Newman

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